Cuando llevas miles de horas acumuladas sujetando un mando, lo sientes como un apéndice más de tu cuerpo, no hace falta ni mirar para que sepas cómo saltar, correr, girar o golpear con el pequeño modelo que cobra vida en tu pantalla. Conoces los controles prácticamente de memoria, incluso géneros enteros ya tienen sus propias convenciones para que cambiar de franquicia no te haga sufrir un cortocircuito, y aun así siempre hay alguien que pone el triángulo como botón de salto y te saca de tus casillas durante las primeras horas (es mi caso, permitidme generalizar).

Snake Pass es un juego pequeño, que llegó de rebote a nuestras manos durante un evento de XBox, y que nos ha encantado, especialmente por cómo ha conseguido coger 4 botones y crear uno de los sistemas de control más complejos de los últimos años, y todo ese trabajo hubiese caído en saco roto de no ser porque centra todas las mecánicas del título en dicho sistema de control. Para intentar resumir, el sistema consiste en reptar con R2 (en Playstation 4), agarrarse a superficies con L2, levantar el cuello de la serpiente con X y avanzar con el joystick; un sistema aparentemente plano, de no ser por las pequeñas inclusiones que realiza en mecánicas tan simples como avanzar, donde además de mantener R2 para reptar hacia delante, debemos realizar eses imitando a una serpiente real para avanzar, y este es uno de los múltiples ejemplos de detalles del sistema que dificultan todo mucho más.

Durante las fases nos encontraremos distintas plataformas, cañas de bambú, palos y piedras por las que deberemos de enredarnos para poder escalar para conseguir los coleccionables y 3 gemas por nivel que abren un portal que nos permitirán llegar a la siguiente fase. El juego funciona con un sistema de puntos de control que además aporta complejidad al sistema, lanzándote a situaciones en las que realmente dudes si de verdad merece la pena arriesgar todo el progreso que llevas desde el guardado previo para alcanzar una moneda dorada, pero claro es dorada, y el dorado mola.

En resumen, nos encontramos ante un sistema de control que nos demuestra como la complejidad no reside en el número de botones que empleemos, sino en cómo seamos capaces de exprimirlos, y a la vez Snake Pass es un claro ejemplo de cómo los juegos de plataformas siguen teniendo cabida en nuestras consolas sin necesidad de ser refritos de glorias pasadas, y reimaginando el género con conceptos actuales y muy buen rollo.

Sergio Cerqueira

 

Si quieres saber más sobre Snake Pass, escucha el último episodio de Debug Podcast en Ivoox o Itunes: 

About Admin

Sergio Cerqueira nació en Madrid en 1997, pocos meses después comenzó su relación con los videojuegos. Ha colaborado para medios especializados como Areajugones y ha sido tertuliano en el canal de Movistar+ Non Stop People. Actualmente estudia Comunicación Audiovisual y juega al FIFA por el podcast (o eso dice él).

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